Pancho Villa y Felipe Ángeles se preparaban para marchar con toda la División del Norte sobre Zacatecas. La vieja ciudad colonial era el último bastión del huertismo y su caída significaba el paso franco a la ciudad de México.2
En la madrugada del 17 de junio de 1914, desde Torreón, el general Felipe Ángeles comenzó a montar el grueso de su artillería en cinco trenes. A las 8 de la mañana la primera locomotora partio rumbo a Zacatecas, y con intervalos de 15 minutos salieron las demás. Villa y Ángeles deseaban, por encima de cualquier otra cosa, darle el tiro de gracia al régimen del usurpador Victoriano Huerta.
En 18 trenes militares la División del Norte al mando de Felipe Ángeles llegó a Calera, a veinticinco kilómetros de Zacatecas, el 19 de junio. Al día siguiente, sus unidades de infantería y de caballería tomaron posiciones al este de la ciudad, al suroeste y al sur. Las principales baterías de artillería se ubicaron en Veta Grande, desde donde podían alcanzar las defensas federales de los cerros El Grillo y la Bufa, al norte de la población. Colocaron baterías secundarías al sur del poblado. Las fuerzas desplazadas eran alrededor de 25 000 efectivos, con trenes-hospital y trenes de apoyo logístico, artillería y buenos rifles y pertrechos. Los federales atrincherados eran 12 500 hombres, con once piezas de artillería pesada y noventa ametralladoras; aguardaban un refuerzo de tres mil efectivos que nunca llegó.
Villistas en las calles de la ciudad. En tanto se concentraban y posicionaban las fuerzas revolucionarias hubo combates, pero la artillería villista no disparó a pesar de sufrir el fuego intermitente del enemigo que le causó algunas bajas. El 22 de junio llegó Villa a dirigir la batalla. El enorme reflector colocado en el punto más alto del cerro de la Bufa iluminaba la ciudad de Zacatecas. El fin de este "faro" era ubicar las posiciones rebeldes y las piezas de artillería de Ángeles.
Poco después del mediodía se hizo saber al general Ángeles que acababa de llegar el general Villa y que se dirigía hacia donde el primero se encontraba. Ángeles informó pormenorizadamente de cuanto había hecho y de lo que le sugerían sus observaciones personales.
Decidió el general Villa recorrer las posiciones y hacer, a su vez, un reconocimiento, por lo que se encaminaron hacia los lugares en que se hallaba emplazada la artillería. El coronel González, a quien encontraron en su puesto, ofreció guiarlos por caminos a cubierto. Examinaron los corralones de la mina de La Plata, y el general Villa dispuso que las baterías avanzaran durante la noche.
En la posición que ocupaba el capitán Quirós, el general Villa pudo observar el campo del futuro combate. Ordenó que la brigada Zaragoza relevara a la parte de la brigada Morelos que servía de sostén a la artillería, y se hizo desfilar a la primera por un camino oculto. El general Villa regresó a la hacienda de Morelos, en donde dio las últimas órdenes para la batalla que iba a principiar al siguiente día, pocas horas después, al disparo de un cañón.3

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